Si en un momento dado la temperatura interna desciende, la
gravitación se hará dueña de la situación. La estrella comienza a contraerse y
a lo largo de ese proceso la estructura atómica del interior se desintegra. En
lugar de átomos habrá ahora electrones, protones y neutrones sueltos. La
estrella sigue contrayéndose hasta el momento en que la repulsión mutua de los
electrones contrarresta cualquier contracción ulterior.
La estrella es ahora una «enana blanca». Si una estrella
como el Sol sufriera este colapso que conduce al estado de enana blanca, toda
su masa quedaría reducida a una esfera de unos 16.000 kilómetros
de diámetro, y su gravedad superficial (con la misma masa pero a una distancia
mucho menor del centro) sería 210.000 veces superior a la de la Tierra.
En determinadas condiciones la atracción gravitatoria se
hace demasiado fuerte para ser contrarrestada por la repulsión electrónica. La
estrella se contrae de nuevo, obligando a los electrones y protones a
combinarse para formar neutrones y forzando también a estos últimos a
apelotonarse en estrecho contacto. La estructura neutrónica contrarresta
entonces cualquier ulterior contracción y lo que tenemos es una «estrella de
neutrones», que podría albergar toda la masa de nuestro sol en una esfera de
sólo 16 kilómetros
de diámetro. La gravedad superficial sería 210.000.000.000 veces superior a la
que tenemos en la Tierra.
En ciertas condiciones, la gravitación puede superar incluso
la resistencia de la estructura neutrónica. En ese caso ya no hay nada que
pueda oponerse al colapso. La estrella puede contraerse hasta un volumen cero y
la gravedad superficial aumentar hacia el infinito.
Según la
Teoría de la relatividad, la luz emitida por una estrella
pierde algo de su energía al avanzar contra el campo gravitatorio de la
estrella. Cuanto más intenso es el campo, tanto mayor es la pérdida de energía,
lo cual ha sido comprobado experimentalmente en el espacio y en el laboratorio.
La luz emitida por una estrella ordinaria como el Sol pierde
muy poca energía. La emitida por una enana blanca, algo más; y la emitida por
una estrella de neutrones aún más. A lo largo del proceso de colapso de la
estrella de neutrones llega un momento en que la luz que emana de la superficie
pierde toda su energía y no puede escapar.
Un objeto sometido a una compresión mayor que la de las
estrellas de neutrones tendría un campo gravitatorio tan intenso, que cualquier
cosa que se aproximara a él quedaría atrapada y no podría volver a salir. Es
como si el objeto atrapado hubiera caído en un agujero infinitamente hondo y no
cesase nunca de caer. Y como ni siquiera la luz puede escapar, el objeto
comprimido será negro. Literalmente, un «agujero negro». Hoy día los astrónomos
están buscando pruebas de la existencia de agujeros negros en distintos lugares
del Universo.
Fuente: www.astromia.com.
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